Nueva York. – El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó este martes la creación de una fuerza internacional de seguridad en Haití, con un mandato inicial de 12 meses, destinada a combatir a las bandas que controlan gran parte del territorio y que han sumido al país en una crisis sin precedentes.
La iniciativa, respaldada por Panamá y Estados Unidos, no se trata de una misión de paz tradicional, sino de una operación de represión y apoyo logístico que actuará en coordinación con la Policía Nacional haitiana. La fuerza estará conformada por 5,550 efectivos de seguridad y 50 civiles, aunque aún se desconoce qué naciones aportarán personal y financiamiento, ya que dependerá de contribuciones voluntarias de los Estados miembros.
Objetivos centrales
El despliegue busca neutralizar las pandillas, proteger infraestructuras críticas y garantizar la llegada de ayuda humanitaria en zonas dominadas por la violencia. Además, pretende reforzar a las instituciones haitianas para que puedan recuperar el control de la seguridad interna.
La nueva estructura reemplazará a la Misión de Apoyo Multinacional a la Seguridad (MSS), encabezada por Kenia, que nunca alcanzó el número previsto de tropas por falta de recursos y cuya autorización vence este 2 de octubre.
Contexto de la crisis
El país caribeño atraviesa una emergencia sin precedentes: se estima que el 90 % de Puerto Príncipe está bajo control de bandas armadas, responsables de secuestros, violaciones y asesinatos. Solo en 2024 murieron más de 5,600 personas, mientras que 1,3 millones han sido desplazadas y se han visto colapsados servicios básicos como la atención médica y la distribución de alimentos.
La ONU advierte que la Policía haitiana carece de capacidad operativa suficiente, mientras que la corrupción y el colapso institucional han permitido a las bandas consolidar un “gobierno criminal” basado en el tráfico de armas, drogas y la explotación de menores.
Medida necesaria, pero insuficiente
Aunque la comunidad internacional considera imprescindible esta fuerza, los especialistas advierten que la seguridad por sí sola no resolverá la crisis multidimensional. Haití enfrenta además pobreza extrema, una economía en caída libre, falta de instituciones legítimas y ausencia de un gobierno electo desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021.
Los Estados miembros coinciden en que la misión debe ser parte de una estrategia más amplia que incluya ayuda humanitaria, reforma institucional y proyectos de desarrollo sostenible.

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