By; Ruperto Alis / Imparcial RD
Santo Domingo, R.D. — En la República Dominicana, la Navidad y el cierre de año se viven con un sello propio que trasciende lo festivo y se convierte en identidad cultural. La cena de Nochebuena y la celebración de Nochevieja representan dos momentos distintos, pero igualmente intensos, donde la convivencia, la música y la alegría marcan el ritmo de las tradiciones.
En Nochebuena, el 24 de diciembre, la familia es el eje central. Es la noche del reencuentro: abuelos, tíos, primos y vecinos se sientan alrededor de la mesa para compartir los platos típicos —cerdo asado, moro, ensalada rusa, pasteles en hoja— acompañados de risas, abrazos y villancicos. En este ambiente de unión, el brindis es casi inevitable y hasta quienes no acostumbran consumir alcohol suelen sumarse, como parte del espíritu festivo que envuelve al país.
Muy distinto, aunque igual de animado, es el 31 de diciembre. La Nochevieja dominicana se abre a los amigos, las parejas y los allegados. Es una velada pensada para despedir el año entre tragos, música alta, abrazos de medianoche y promesas renovadas. Aquí se repite la celebración, pero con un matiz más social: se baila, se brinda y se espera el nuevo año con entusiasmo colectivo.
Esta diferencia distingue a la República Dominicana de otros países, donde ambas fechas suelen vivirse de forma similar. En suelo dominicano, el 24 es de la familia y el 31 de los amigos, una fórmula que refuerza los lazos afectivos y convierte cada fecha en una experiencia única.
Así, entre tradición, alegría y calor humano, los dominicanos celebran el cierre y el inicio de un nuevo ciclo, convencidos de que compartir con los suyos —sea en familia o entre amigos— es la mejor manera de pasarla bien y mantener viva la esencia de su cultura.
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