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Autopistas invisibles: los cables submarinos que sostienen la conectividad global




Una red silenciosa en el fondo de los océanos transporta el 99 % del tráfico internacional de internet y mueve billones de dólares cada día. Su protección centra una cumbre mundial en Oporto, Portugal.

Oporto, Portugal | febrero de 2026.

Bajo las profundidades de los océanos se extiende una infraestructura clave para la economía y la vida digital moderna: los cables submarinos, verdaderas autopistas invisibles que mantienen conectado al mundo. La protección, resiliencia y refuerzo de esta red global son el eje central de la Segunda Cumbre Internacional sobre la Resiliencia de los Cables Submarinos, que se celebra los días 2 y 3 de febrero en Oporto, Portugal.

Aunque millones de personas utilizan a diario correos electrónicos, videollamadas, servicios de streaming, motores de búsqueda y plataformas bancarias digitales, pocos conocen la base que hace posible ese intercambio instantáneo de información. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), alrededor del 99 % del tráfico internacional de internet viaja a través de cables submarinos, y no por satélites u otras tecnologías visibles.

“El usuario reconoce las redes móviles o el internet fijo, pero la infraestructura que realmente sostiene la conectividad global es esta vasta red de cables submarinos”, explicó Tomás Lamanauskas, vicesecretario general de la UIT, en declaraciones a ONU Noticias.



Estos cables de fibra óptica, con un grosor similar al de una manguera de jardín, recorren aproximadamente 1.7 millones de kilómetros en el fondo marino, distancia suficiente para rodear la Tierra varias veces. Su instalación requiere estudios detallados del suelo oceánico y el uso de buques especializados que los despliegan a cientos de metros de profundidad, minimizando riesgos ambientales.

La importancia estratégica de esta red es crítica. A través de ella se realizan transacciones económicas por valor de billones de dólares, se garantiza la continuidad de servicios financieros, sanitarios y de emergencia, y se sostiene la economía digital global. Cualquier interrupción puede generar impactos inmediatos.

De acuerdo con la UIT, cada año se registran entre 150 y 200 incidentes relacionados con cables submarinos, un promedio de tres a cuatro por semana. En 2024, por ejemplo, fallas en el Mar Rojo provocaron la interrupción de hasta un 25 % del tráfico de datos entre Europa y Asia.

Aunque terremotos, deslizamientos submarinos y erupciones volcánicas representan amenazas naturales, cerca del 80 % de los daños son causados por actividades humanas, principalmente anclas de barcos y redes de pesca de arrastre.



“El impacto puede ser devastador, sobre todo en regiones remotas”, advirtió Lamanauskas, citando el caso de Tonga, que ha sufrido varias desconexiones desde 2019. “Un solo cable cortado puede dejar a un país entero sin acceso a servicios esenciales durante días o semanas. Cada milisegundo cuenta, incluso para los mercados financieros”.

La reparación de estos sistemas no siempre depende de la complejidad técnica, sino de la burocracia y la coordinación entre múltiples jurisdicciones. Aunque los ingenieros pueden localizar rápidamente una falla, la obtención de permisos y licencias suele retrasar las labores, que pueden extenderse desde días hasta meses, especialmente en zonas alejadas.

Además, parte de la infraestructura instalada durante el auge tecnológico del año 2000 está llegando al final de su vida útil promedio, estimada en 25 años, lo que incrementa la urgencia de modernización e inversión. Mientras algunos cables cuestan millones de dólares, los proyectos más extensos pueden superar los cientos de millones.

Como agencia especializada de la ONU, la UIT no repara cables, pero trabaja en la creación de marcos normativos, estándares técnicos y cooperación internacional para acelerar permisos, prevenir daños y fortalecer la resiliencia de esta infraestructura crítica.

“En las últimas cuatro décadas, la capacidad de los cables ópticos ha crecido alrededor de un 40 % anual, impulsando el crecimiento exponencial de internet”, destacó Lamanauskas.

En un mundo cada vez más dependiente de la conectividad y los datos, la protección de estas autopistas invisibles se perfila como un elemento clave para la estabilidad económica, la seguridad digital y el desarrollo global.