La escalada del conflicto en Oriente Medio está provocando un fuerte impacto en la economía global, disparando la inflación, debilitando el crecimiento y poniendo en riesgo cerca de 38 millones de empleos a tiempo completo en todo el mundo, según alertaron organismos de las Naciones Unidas.
Los informes divulgados por la Organización Internacional del Trabajo y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo advierten que la guerra ha desencadenado una nueva etapa de fragilidad económica internacional, marcada por el aumento de los precios de la energía, la interrupción de las cadenas de suministro y la incertidumbre en los mercados financieros.
El conflicto, que se intensificó tras los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, ya está generando consecuencias directas sobre el comercio mundial, los salarios y el empleo, especialmente en las economías en desarrollo.
De acuerdo con las proyecciones de la ONU, el crecimiento económico mundial se ralentizará hasta un 2.5 % en 2026, muy por debajo de los niveles previos a la pandemia, mientras que para 2027 apenas se prevé una ligera recuperación hasta el 2.8 %.
La OIT estima que, si los precios del petróleo permanecen un 50 % por encima de los niveles registrados a inicios de 2026, las horas laborales globales caerían un 1.1 % en 2027, equivalente a la pérdida de 38 millones de empleos de tiempo completo. Además, los ingresos reales de los trabajadores podrían reducirse un 3 %, lo que representa pérdidas cercanas a los tres billones de dólares.
Las regiones más vulnerables serían los Estados Árabes y Asia-Pacífico. En los países árabes, la reducción de horas de trabajo podría alcanzar hasta un 10.2 %, superando incluso el impacto registrado durante la pandemia del COVID-19. Mientras, Asia y el Pacífico enfrentarían una disminución del 1.5 % en el empleo.
La situación también amenaza a millones de trabajadores migrantes, especialmente aquellos que dependen de empleos en los países del Golfo. La ONU alertó que las contrataciones internacionales han disminuido considerablemente y que las remesas enviadas a países del sur y sudeste asiático empiezan a caer.
En paralelo, la UNCTAD redujo sus previsiones de crecimiento del comercio mundial para 2026, situándolo entre un 1.5 % y un 2.5 %, muy por debajo del 4.7 % registrado en 2025.
El informe también destaca un repunte inflacionario a nivel global. En los países en desarrollo, la inflación subiría del 4.2 % al 5.2 %, mientras que en las economías avanzadas aumentaría del 2.6 % al 2.9 %, alejándose de las metas fijadas por los bancos centrales.
Otro de los puntos críticos señalados por el organismo internacional es el riesgo de una crisis alimentaria global. El encarecimiento de los fertilizantes y la volatilidad energética están afectando gravemente a las grandes compañías comercializadoras de alimentos, elevando el riesgo de interrupciones en el suministro mundial.
Ante este panorama, la OIT pidió a los gobiernos aplicar políticas centradas en la protección del empleo, el fortalecimiento del diálogo social y el respaldo a trabajadores vulnerables, migrantes y pequeñas empresas.
Por su parte, la UNCTAD exhortó a reforzar la cooperación internacional, garantizar estabilidad en el comercio y acelerar la transición hacia energías renovables para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y evitar futuras crisis similares.
Ambos organismos coincidieron en que la actual crisis energética amenaza con transformarse en una crisis laboral, comercial y alimentaria de alcance mundial, golpeando con mayor fuerza a las naciones más pobres y con menor capacidad de respuesta.

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