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Madre haitiana lidera movimiento comunitario contra el cólera y transforma su barrio





Puerto Príncipe, Haití. – Lo que comenzó como la desesperación de una madre por salvar a su hija, se ha convertido en un movimiento comunitario que está cambiando la vida de cientos de familias haitianas. Ante el repunte del cólera y la falta de saneamiento básico, Oriata, una mujer de Grand-Goâve, impulsó la construcción de letrinas y campañas de higiene que hoy salvan vidas.

Su hija, Noel-Dina, de 11 años, enfermó gravemente tras contraer cólera. «No podía caminar porque estaba muy débil. Pensé que la iba a perder», recuerda con lágrimas en los ojos. La niña logró recuperarse gracias a la atención médica, pero la experiencia llevó a su madre a actuar.
El brote de cólera en Haití

En lo que va de 2025, Haití ha registrado más de 3,100 casos sospechosos de cólera y varias muertes en zonas urbanas y rurales. Solo entre el 21 y el 25 de septiembre se notificaron 40 casos en Pétion-Ville, un suburbio densamente poblado de la capital, lo que genera preocupación por el inicio del año escolar.

Las autoridades locales, con apoyo de la ONU, trabajan para reforzar la vigilancia epidemiológica y desplegar brigadas médicas. Sin embargo, la falta de infraestructura sanitaria sigue siendo uno de los principales detonantes de la propagación.

Una solución desde la comunidad

Con pocos recursos, Oriata cavó la primera letrina en su patio. Luego comenzó a visitar casa por casa para concientizar a los vecinos. «No lo hice solo por mi hija, lo hice por todos los niños del barrio», explica.


La iniciativa se convirtió en un movimiento de solidaridad: familias que no podían continuar la construcción de sus pozos recibían ayuda de la comunidad. Pronto, las letrinas fueron la norma y se adoptaron prácticas de higiene como el lavado de manos.

«Hoy en día ya no se sienten malos olores. Nadie hace sus necesidades al aire libre», celebra Oriata.
Impacto y esperanza

Gracias a estas acciones, unas 3,000 familias cuentan ahora con letrinas seguras, y UNICEF, junto con autoridades locales, ha creado 30 clubes de higiene en escuelas y centros de salud.

Noel-Dina, que sueña con ser enfermera, es el símbolo de este cambio. «Me alegro de que mi madre haya construido una letrina. Lo hizo por mí y por todos», afirma con una tímida sonrisa.

Para Oriata, la misión apenas comienza: «Antes había bacterias por todas partes y los niños se enfermaban seguido. Ahora están más sanos y felices. Eso me da fuerzas para seguir».