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El jazz, puente de paz y terapia social en tiempos de crisis mundial





Santo Domingo.– El jazz trasciende la categoría de género musical para convertirse en una herramienta de unión social, diálogo y sanación colectiva, según el mensaje promovido este 30 de abril durante la conmemoración del Día Internacional del Jazz, impulsado por la UNESCO.

La celebración destaca el poder de esta expresión artística para reducir tensiones, derribar barreras culturales y fortalecer la comprensión mutua entre los pueblos, especialmente en escenarios marcados por conflictos y divisiones.

En entrevista con Noticias ONU, la productora cultural Maria Semushkina afirmó que el jazz continúa siendo una vía efectiva para impulsar progreso social y restaurar vínculos humanos deteriorados por las crisis contemporáneas.

Un legado nacido de la resistencia

Los orígenes del jazz se remontan a finales del siglo XIX y principios del XX en Luisiana, estrechamente ligados a la experiencia afroamericana y a las secuelas de la opresión racial.

Semushkina recordó que esta corriente sonora surgió entre cantos y ritmos de trabajadores en plantaciones, quienes encontraron en la música una forma de expresar sufrimiento, esperanza y deseo de libertad.

Indicó además que, en medio de la segregación racial en Estados Unidos, el jazz abrió algunos de los primeros espacios donde comenzaron a romperse muros sociales entre artistas negros y blancos.


Lenguaje universal que une naciones

La especialista sostuvo que hoy el jazz mantiene su capacidad de reunir personas de países enfrentados o de distintas religiones, al colocar la música por encima de diferencias ideológicas.

Como ejemplo citó el festival Usadba Jazz, donde intérpretes de África, Europa y Norteamérica han compartido escenario sin obstáculos culturales.

También mencionó el proyecto Music Saves the World, iniciativa que ha reunido a más de cien músicos de diversas naciones, incluidos artistas desplazados por guerras y crisis humanitarias.

Terapia colectiva tras grandes convulsiones

Semushkina explicó que los festivales de jazz en Europa crecieron tras la Segunda Guerra Mundial como una respuesta emocional para sociedades golpeadas por la devastación.

Según afirmó, el jazz no solo entretenía, sino que servía como espacio para recuperar esperanza, aliviar ansiedad y reconstruir sentido de comunidad.

Añadió que incluso hoy esta música puede disminuir agresividad, mejorar estados emocionales y facilitar conexiones humanas entre desconocidos.

Sin fronteras y con voz femenina

La promotora cultural resaltó que el jazz absorbió influencias africanas, latinoamericanas y de Oriente Medio, consolidándose como fenómeno global abierto a toda cultura.

Asimismo, llamó la atención sobre la necesidad de mayor respaldo a las mujeres dentro de la industria musical, al señalar que muchas enfrentan inestabilidad económica, dependencia profesional y dificultades para equilibrar maternidad y carrera artística.

La cultura como prioridad

Semushkina insistió en que los gobiernos y organismos multilaterales deben considerar la cultura como una necesidad esencial y no como un elemento secundario, sobre todo en momentos de incertidumbre.

En el marco del Día Internacional del Jazz, envió un mensaje directo a líderes y ciudadanos: preservar la humanidad, escuchar el corazón y respaldar a quienes llevan luz, armonía y unidad al mundo.

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